Pensando en el ser y no ser, sucumbí en la dicotomía de serlo y no serlo, lo cual me pareció bastante complejo de resolver. He andado deambulando en las entrañas de la razón, dando cualquier argumento al constante latido de algo que llaman corazón.
Participar en esta adictiva lucha, me ha proporcionado una herramienta bastante útil para contraatacar a aquello que late sin parar, esta herramienta la he bautizado como ¡La Negación!
Una Oda a “La Negación”, es tan perfecta que seduce, se contonea en desfiles de irrealidades, incitando al más puritano Freudiano.¡Oh Negación! Que has atado al corazón, ¡Oh Negación! Que has alejado dolores del pasado, ¡Oh Negación! Que construyes lo insospechado…
Es tan deliciosamente cínica que lo amargo de sus intenciones las esconde en toneladas de fantasías, perpetuando así la credulidad de la mentira.
El pequeño problema de La Negación, es que al reverso viene una etiqueta, (la cual pocos leemos, pues en estos días, al menos que tenga una buena iconografía, difícilmente llamaría nuestra atención), que dice lo siguiente:
“Advertencia: consúmase con cuidado, puede generar adicción”.
Y en letras más pequeñas:“Efectos secundarios: distorsión de la realidad, diarrea de emociones, prurito a la elocuencia, panic attack , creencias incoherentes, perdida sensorial de la razón y verborrea de sueños”.
Y en letras aún más pequeñas: “En caso de sobredosis, remitirse al acta de nacimiento donde podrá recordar cómo se llama”
Este pequeña herramienta se puede obtener en cualquier puesto de dolores, desamores, pérdidas y algo más… El costo es alto pero hay quienes lo pagan condenándose a dejar de escuchar el latido de algo que llaman corazón…
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